Dolor y Cáncer: Guía para entender y tratar el síntoma más temido
Nuestro Director Médico, Jorge Orduña, nos cuenta hoy en su podcast Piratas del Dolor las claves de un tema de vital importancia para miles de personas: el dolor en el paciente oncológico. En este episodio, el Dr. Orduña conversa con la Dra. Inés González, oncóloga médica del Hospital Clínico Universitario, para dar visibilidad a un síntoma que a menudo se relega a un segundo plano, pero que es fundamental para la calidad de vida y, según estudios recientes, incluso para la supervivencia de los pacientes.
A continuación, resumimos los puntos más relevantes de este encuentro para pacientes, familiares y profesionales.
El dolor no es una consecuencia inevitable del cáncer
Uno de los mensajes más potentes de la Dra. González es la necesidad de romper el mito de que «tener cáncer implica tener dolor». Hoy en día, la medicina dispone de un arsenal terapéutico suficiente para controlar el dolor en la gran mayoría de los casos. No conformarse con el sufrimiento es el primer paso: el control de síntomas permite que el paciente esté en mejores condiciones físicas para recibir y tolerar los tratamientos oncológicos, lo que impacta directamente en su pronóstico.
Identificar el tipo de dolor: La clave de la personalización
El dolor oncológico es complejo y puede tener diversos orígenes que requieren abordajes distintos:
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Dolor por el propio tumor: Provocado por la compresión de estructuras, invasión de huesos o afectación de órganos internos (como el dolor visceral en el cáncer de páncreas).
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Dolor por tratamientos: Secuelas de cirugías (como el dolor crónico tras una toracotomía), neuropatías periféricas causadas por la quimioterapia o dolores autoinmunes derivados de las nuevas inmunoterapias.
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Dolor Irruptivo: Aquel que aparece de forma súbita e intensa (por ejemplo, al moverse o comer) a pesar de tener un dolor basal bien controlado. Identificar estos picos es crucial para pautar «rescates» analgésicos adecuados.
El miedo a los opiáceos y el estigma del fentanilo
Es fundamental desmitificar el uso de fármacos potentes en oncología. La crisis de opiáceos en otros países, como EE. UU., responde a un contexto sociosanitario muy distinto al español. En nuestro entorno, el uso de fármacos como la morfina o el fentanilo está estrictamente supervisado por especialistas. El paciente oncológico no debe tener miedo a la adicción; estos fármacos son herramientas seguras que, bien administradas, devuelven la dignidad y la capacidad de disfrutar del día a día.
Tratamientos más allá de la medicación oral
Cuando los fármacos por vía oral no son suficientes o generan demasiados efectos secundarios, disponemos de técnicas intervencionistas avanzadas:
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Bloqueos nerviosos: Como el del plexo celíaco para el cáncer de páncreas, que permite aliviar el dolor actuando directamente sobre el origen de la señal nerviosa.
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Bombas de infusión intratecal: Dispositivos que administran medicación directamente en el espacio medular a dosis mucho más bajas y eficaces.
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Cementación ósea (Vertebroplastia): Procedimiento para reforzar vértebras fracturadas por metástasis, eliminando el dolor mecánico de forma inmediata.
El paciente superviviente: El nuevo reto
Gracias a los avances médicos, cada vez hay más personas que superan el cáncer o conviven con él durante muchos años. Sin embargo, estas «largas supervivencias» pueden traer consigo secuelas crónicas de dolor. El sistema sanitario debe evolucionar para que estos pacientes no queden en un «limbo» asistencial una vez recibida el alta oncológica, asegurando un seguimiento especializado que les permita vivir sin secuelas invalidantes.
La necesidad de equipos interdisciplinares reales
El futuro de la atención oncológica pasa por la creación de circuitos rápidos y unidades donde el oncólogo, el paliativista y el especialista en dolor trabajen de forma coordinada (interdisciplinaridad). El paciente no debería ser el encargado de comunicar sus síntomas de un médico a otro; el sistema debe ser el que gestione las citas y los tratamientos de forma transversal, poniendo siempre a la persona en el centro de la orquesta terapéutica.
Si tú o un familiar estáis pasando por un proceso oncológico y el dolor está presente, pide ayuda. El control del dolor no es solo una cuestión de confort, es una parte esencial del tratamiento contra el cáncer que ayuda a vivir más y mejor.